Querido observador, no piense que para este momento me fui en mis pensamientos y olvidé contarle lo que pasó. Simplemente pienso que a veces un poco de suspenso en la vida es necesario, y a la hora de compartir observaciones, esencial es proveer imágenes claras para que la otra persona pueda apropiarse de la anécdota e incluso adentrarse en ella como si la hubiese vivido.
En fin, una mañana soleada - preciosa de hecho - hace alrededor de un mes, vi a un "borrachillo" sentado en las bancas del Parque Morazán. Lo interesante de la imagen era el "barbero filántropo" como decidí seguir llamándolo. Este tipo, andaba con una gabacha blanca y guantes de látex, pero lo importante aquí no es él, sino la acción que estaba realizando. El barbero había comprado un par de rasuradoras desechables, crema para afeitar, había sacado un vaso de agua y estaba luchando contra el borracho para poder afeitarlo debidamente.
Nada demasiado complicado, pero en definitiva, el acontecimiento gritaba inusual por todo lado. Yo, como todo transeúnte de esa mañana pasé a la par de la escena y seguí mi camino. Pero un par de metros más tarde seguía intrigada y una sonrisa del tamaño de Costa Rica (no, no estoy exagerando) me hizo imposible el dar un solo paso más. Tuve que devolverme y dejar que ese evento se infiltrara en mi aún más. Necesitaba recoger un poco más de eso que estaba sucediendo.
Al devolverme mi mirada simplemente se perdió en la belleza del acontecimiento y la verdad no pude parar hasta que mi mente dijo: "Estoy satisfecha." (Algo parecido a cuando el estómago indica que no necesita más comida). Me acerqué al barbero filántropo y las palabras de admiración salieron sin pensarlo si quiera. Como si fuese una necesidad soltarlas.
Sin embargo, después de hacerlo noté que era la única que había sacado algo del hecho.Ni una sola persona se dignó a prestar más atención a la escena de la que le prestan a las bolsas de la basura esparcidas por todo San José. De hecho, la gente está tan apurada por salir de ahí, tan asustada por las otras personas y lo que puedan hacerle que no notan nada.
Y todo esto me lleva a preguntarme:
¿Qué tan fundamentado está nuestro miedo en las personas y valdrá la pena perdernos la esencia de la vida por estar sumergidos en esta paranoia colectiva?


