21 de septiembre de 2010

Tarea #4: Tristeza




Esa imposibilidad de levantarse de la cama. Mantener el pecho pegado a ella porque soy una ciudad entera, construida a base de alas de mariposa. Que al mínimo movimiento se vuelve escombros.

El no abrir los ojos, con tal de que la luz no traspase mi ser y deje ver que no queda nada de él. No tengo huesos, no tengo piel. Ya nada queda. Y simplemente no quiero saberlo.


Escondo esa idea, el recuerdo de lo que ya pasó, la fotografía de eso en lo que me he convertido. La persigo y la guardo en un rincón. Esperando que no crezca, que no escape. Pero sabiendo que es tóxica e inevitablemente manchará mi mente. Pero no será de gota en gota. Es como una plaga, que me persigue, que sabe hacia dónde me dirijo, lo que he hecho y lo que voy a hacer. Se parece más a un marea pensante. De la cual tendré que huir apenas salga el sol.

Pero por mientras aquí estoy, negándola, encerrándola. Aprieto más duro los ojos, tal vez en esos pequeños pliegues que se forman cuando lo hago encuentre un refugio. Un puerto seguro. Una isla desconocida por esa tinta que corre tras de mí. Que inevitablemente logrará alcanzarme. Pronto.

Y en ese afán por no pensar, por no dejarla salir, me doy cuenta de que ya estoy sumergida en ella. Y simplemente me dejo caer. Después de tanta lucha estoy adormecida y mi cuerpo no reacciona. Caigo y caigo en esta niebla oscura, que me envuelve y separa lentamente cada parte de mi cuerpo de su eje central. Desmonta las piezas y cubre mi mente.

Ahora todo es plástico. Falso y vacío. Una gran mentira, sin sentido y sin sabor. Que aparenta ser real, y no lo logra. Nada emana el brillo de la verdad. Nada despide ese calor interno, tan invisible y real a la vez.

Creo que es eso lo que busco, cualquier cosa real. Que actúe como aguja y quiebre esta esfera de ámbar donde quedé atrapada. Alejada esta vez de la realidad. Por tapar un sentimiento le puse piedras al umbral por donde deben pasar todos. Por donde entra la vida.

Sin embargo, algo dentro de mí me recuerda que no estoy lista para dejarlos pasar. Tal vez podría vivir entre castillos de cristal y juguetes viejos. Aquí, en este universo alterno, donde cada día mis ojos le proyectan una nueva película a mi cerebro. Pero caí otra vez en lo mismo, una película. Una representación de la verdad. Vacía de nuevo.

Al cruzar este campo de batalla ya perdí el tacto y el gusto, y una parte del oído. Mi olfato sin embargo es admirable y mi vista se vuelve cada minuto más aguda. Y por los ojos me desangro. Me voy en lágrimas pesadas y viscosas. Las cuales queman mi piel y me desgarran poco a poco. Vuelvo a ser nada. Ya es momento de afrontar las consecuencias. Ya por fin me alcanzó.

Mi pecho está vacío. Por eso lo cubro con lo que encuentre cerca. Pero mis manos no alcanzan, tampoco mis brazos. El hoyo es muy grande. Es muy real para mí.

Alrededor mío todo se cae, se desmorona. Son gajos, podridos y fétidos. Todo es insoportable, inaceptable ante mi vista. El mundo se derrite, cual candela vieja, dejando atrás olor a suciedad. Esto es de lo que siempre huyo. Esto es a lo que siempre temeré.    






Querido observador, a falta de tiempo pero muchas ganas de escribir y ser leída, está entre mis planes subir aunque sean mis trabajos de la u. Cualquier comentario se aprecia.

 Y para seguir observando: Pensar un sentimiento y dejar que éste se apodere de uno. Exprimirle el alma y plasmarlo en papel :) Esas son las nuevas instrucciones.

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